Vivir para contarla - Gabriel Garcia Marquez
Y porque no, por otras maneras como bailarla. Una vez mas,
empiezo este libro sin saber lo que esperar, y con Gabriel Garcia Marquez y su
espiritu de contar, esta vez un lado de la historia columbiana. Me gustaba
muchissimo perderme en los parafos muy largo de los libros de Senor Marquez.
Gabriel Garcia Marquez cuenta una historia muy
« trepidante » de este pais que no conozco. De Sucre, Baranquilla,
Aracataca, Choco a Bogota, muchas que ver, y un lado de la historia que me
piace muchissimo, ver como Colombia tenia su vida al lado de la segunda guerra
« mondial ». Entonces, un viaje que se prepara con este novela.
Despues leer muchos libros y muchos autores, pienso por mi
lado, Gabriel Garcia Marquez esta parte mi trio de autores que me canta, con
Ryskard Kapucinsky y Andrei Makine. Quisiera conocer a este tipo de autores en
Asia, por descubrir un poco mas este lado de la tierra con libros, y sobre
todo, autores que escriben de este manera muy dinamica para contar lo que no se
cuenta facil.
Entonces, un otra vez, una novela que se disfrute en musica
Entonces, un otra vez, una novela que se disfrute en musica
Estaba a dos dedos de enamorarme de ella.
Citaciones, se dice? Gabriel Garcia Marquez escribe de una manera que
gusta muchissimo a mi oreja:
«Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a
la escuela ».
—Es algo que se trae dentro desde que se nace y contrariarla
es lo peor para la salud —dijo él.
«La sangre me golpeaba tan fuerte por dentro del cuerpo que
ya no supe si era de rabia o de susto »,
En todo caso, pienso que mi intimidad con la servidumbre
pudo ser el origen de un hilo de comunicación secreta que creo tener con las
mujeres, y que a lo largo de la vida me ha permitido sentirme más cómodo y
seguro entre ellas que entre hombres.
Pues era un forastero que llegó no se sabía de dónde ni
cómo, con una buena hoja de vida, pero sin recursos conocidos.
Sin embargo, cuando el abuelo me regaló el diccionario me
despertó tal curiosidad por las palabras que lo leía como una novela, en orden
alfabético y sin entenderlo apenas.
No creo que haya método mejor que el montessoriano para
sensibilizar a los niños en las bellezas del mundo y para despertarles la
curiosidad por los secretos de la vida.
Años después, Zalamea publicó el testimonio de su aventura
en Cuatro años a bordo de mí mismo, una novela que abrió horizontes insospechables
en nuestra generación.
no muestre nunca a nadie el borrador de algo que esté
escribiendo.
Barranquilla era entonces una adelantada del progreso civil,
el liberalismo manso y la convivencia política. Factores decisivos de su
crecimiento y su prosperidad fueron el término de más de un siglo de guerras
civiles que asolaron el país desde la independencia de España, y más tarde el
derrumbe de la zona bananera malherida por la represión feroz que se ensañó
contra ella después de la huelga grande.
El vicio de leer lo que me cayera en las manos ocupaba mi
tiempo libre y casi todo el de las clases.
El tedio de mis horas libres encontró remedio por una razón
del corazón: el que no canta no puede imaginarse lo que es el placer de cantar.
No sé qué aprendí en realidad durante el cautiverio del
Liceo Nacional, pero los cuatro años de convivencia bien avenida con todos me
infundieron una visión unitaria de la nación, descubrí cuán diversos éramos y
para qué servíamos, y aprendí para no olvidarlo nunca que en la suma de cada
uno de nosotros estaba todo el país.
Aún hoy, con diecisiete libros publicados , los correctores
de mis pruebas de imprenta me honran con la galantería de corregir mis horrores
de ortografía como simples erratas.
Los internos costeños, con nuestro prestigio merecido de
gritones y malcriados, teníamos la buena educación de bailar como artistas la
música de moda y el buen gusto de enamorarnos a muerte.
La verdad sin adornos era que me faltaban ya la voluntad, la
vocación, el orden, la plata y la ortografía para embarcarme en una carrera
académica.
Sin embargo, la protección episcopal no lo puso a salvo de
la dura prueba de la vida cotidiana en la cárcel, que en vez de pervertirlo
enriqueció su carácter y su buen sentido del humor.
No hacía falta, además, porque siempre me interesó más el
fenómeno social que la vida privada de las víctimas .
Yo había escrito: «Así como ustedes viven ahora, no sólo
están en una situación insegura sino que constituyen un mal ejemplo para el
pueblo». La transcripción del editor español me erizó la piel: «Así como vivís
ahora, no sólo estáis en una situación insegura, sino que constituís un mal
ejemplo para el pueblo».
—No hay en este mundo dos hombres más parecidos que él y tú
—me dijo—. Y eso es lo peor para conversar.
Era otra vez la realidad histórica del siglo XIX, en el que
no tuvimos paz sino treguas efímeras entre ocho guerras civiles generales y
catorce locales, tres golpes de cuartel y por último la guerra de los Mil Días,
que dejó unos ochenta mil muertos de ambos bandos en una población de cuatro
millones escasos . Así de simple: era todo un programa común para retroceder
cien años.
«Si la poesía no sirve para apresurarme la sangre, para
abrirme de repente ventanas sobre lo misterioso, para ayudarme a descubrir el
mundo, para acompañar a este desolado corazón en la soledad y en el amor, en la
fiesta y en el desamor, ¿para qué me sirve la poesía?».
La práctica terminó por convencerme de que los adverbios de
modo terminados en mente son un vicio empobrecedor. Así que empecé a
castigarlos donde me salían al paso, y cada vez me convencía más de que aquella
obsesión me obligaba a encontrar formas más ricas y expresivas.
Dictaba su clase sin mirar a nadie, con ese aire celestial
de los miopes inteligentes que siempre parecen andar a través de los sueños
ajenos.
El derecho lo entendía menos y me interesaba mucho menos que
cualquiera de las materias del liceo, y ya me sentía bastante adulto como para
tomar mis propias decisiones.
La noche se había vuelto diáfana y fresca bajo la luna
llena, y el silencio parecía una sustancia invisible que podía respirarse como
el aire.
En mi caso, además, estoy convencido de que contar la
historia verdadera es de mala suerte. Me consuela, sin embargo, que alguna vez
la historia oral podría ser mejor que la escrita , y sin saberlo estemos
inventando un nuevo género que ya le hace falta a la literatura: la ficción de
la ficción.
Siempre fue divertida y amable conmigo, pero tenía un
talento de ilusionista para escabullirse de preguntas y respuestas y no dejarse
concretar sobre nada.
Por desgracia , ni el ingenio, ni la resistencia, ni el amor
fueron suficientes para derrotar la pobreza. Todo parecía a favor de ella.
De modo que la vida misma me enseñó que uno de los secretos
más útiles para escribir es aprender a leer los jeroglíficos de la realidad sin
tocar una puerta para preguntar nada.
Como muchas catástrofes grandes del país, el 9 de abril
había trabajado más para el olvido que para la historia.
Algo puse yo que hoy no recuerdo, pero la historia me
pareció divertida y con la dosis suficiente de locura para que pareciera
nuestra.
Pero también, como todos los hombres, me equivoqué de tiempo
y lugar.
Aún hoy sabemos que las grabadoras son muy útiles para
recordar , pero no hay que descuidar nunca la cara del entrevistado, que puede
decir mucho más que su voz, y a veces todo lo contrario. Tuve que conformarme
con el método rutinario de las notas en cuadernos de escuela, pero gracias a
eso creo no haber perdido una palabra ni un matiz de la conversación, y pude
profundizar mejor a cada paso.
Al final de un intercambio atropellado, porque su autobús
llegaba y el mío se iba, me dijo con un fervor que me dio en el alma: —Lo que
no entiendo, don Gabriel, es por qué no me dijo nunca quién era usted. —Ay, mi
querido Lácides —le contesté, más adolorido que él—, no podía decírselo porque
todavía hoy ni yo mismo sé quién soy yo.
No pude eludir el frémito de que iba a perderla para siempre
un jueves de julio a una hora tan temprana, y por un instante pensé en parar el
taxi para despedirme, pero preferí no desafiar una vez más a un destino tan
incierto y persistente como el mío.

No comments:
Post a Comment